jueves, 3 de diciembre de 2009

Seguir a pesar de todo.




















Seguí caminando, no busques atajos.
Si alguien dice "te estas retrasando" y ya estás cansado
da otro paso y pisa esta huella (...).



Shaila, "Los Caminantes".








En esta oportunidad voy a citar un poema de Pedro Bonifacio Palacios, mas conocido con el seudónimo de "Almafuerte". Es un fragmento realmente extraordinario que tengo pegado en el escritorio al costado de mi cama, hecho que me ayuda a recordarlo constantemente antes de dormir y luego de despertar


Nunca lo mencioné hasta ahora, pero soy un estudiante de medicina y este poema me ha ayudado mucho cuando, allá por el mes de junio de este año, tuve mi primer tropiezo reprobando un parcial para el cual me había pasado horas y horas estudiando y sin embargo no se dieron los resultados esperados. Al principio lo sentí como algo injusto, ya que el problema no era la falta de estudio sino los traicioneros nervios que acechan al tener que dar un oral. El motivo por el cuál cito este poema hoy es el hecho de que fue de gran ayuda en materia anímica para poder aprobar ese parcial en el recuperatorio de la semana siguiente a la reprobación y no quedarme libre de la materia. Ayer volví a tropezar. Era el ultimo parcial y habiéndolo aprobado regularizaba la materia, sin embargo no fue así. Hoy quizás tengo aún menos complemento anímico que en aquella época de junio, pero leyendo una y otra vez estos versos siento que recupero fuerzas, que tengo que luchar para que aquello que tanto anhelo se haga posible, en mi caso esta carrera que elegí seguir. Vos también debes tener algún anhelo. Y si sentís que muchos obstáculos se te interponen en tu camino, intentá sacar fuerzas y seguí "caminando", pero nunca te des por vencido.


"No te des por vencido ni aún vencido"
¡Piu Avanti!
No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feróz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruín vuelve a ser clavo;
no la intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!

Pedro Bonifacio "Almafuerte" Palacios.
Se lo debo al Dr. Leonardo Coscarelli, profesor de Anatomía de la Universidad Nacional de La Plata, quien me hizo conocer este poema y al que no tuve el gusto de conocer personalmente.








martes, 10 de marzo de 2009

Homólogos diferenciados.



"Cada uno de nosotros es lo que es porque tiene sus memorias propias".

Iván Izquierdo, El arte de olvidar.


09:47


Me resigné a mirar el reloj incluso sabiendo que me demoraba demasiado. Con la impotencia de no poder acelerar el ómnibus o, al menos, lograr que el trafico se alivianase me limité a observar el panorama que, desde la ventana de mi asiento, me ofrecía la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El colectivo de la línea 22 doblaba por Belgrano cuando finalizaba su lento recorrido por la calle Defensa. En mis oídos resonaba la armoniosa melodía de Claude Debussy cuando el coche se acercaba a la calle Balcarce y la somnolencia que me producía el largo viaje desde provincia me obligó a dejar de lado (al menos momentaneamente) el texto de El Hombre Duplicado, de un particular José Saramago. No obstante, al dirigir la mirada hacia el asfalto logré divisar la imponente figura de un Subaru Impreza color azul, carrocería baja y llantas amarillas. Al dirigir la vista hacia el pasillo del ómnibus, atisbé una decena de gente, mayoritariamente varones, observando con atención el fenómeno para muchos soñado. El encantado público masculino se resumía en el pasajero del asiento de adelante, el cual acercaba la cara al cristal de la ventana hasta el punto de tocar el vidrio con el vértice de la nariz y observaba al Impreza con tal detenimiento que sólo apartó la mirada cuando el materializado sueño azul se esfumó hacia Paseo Colón con una ligera ventaja, la cual anunciaba un ostentoso respeto de parte del resto de los automovilistas circundantes. Todo aquello ya no importaba, en pocos minutos, cuando el colectivo girase por avenida De la Rábida y Paseo Colón se continúe en Leandro N. Alem comenzará mi rutina laboral hasta, al menos, las 18:00 horas.


18:35


Otro panorama, otro medio de transporte, diferentes estados de ánimo y libre de la sofocante presión del tiempo; así caminé hasta la estación Carlos Pellegrini de subte al emprender mi usual paseo para despejar la mente de la rutinaria vida laboral que elegí para mis vacaciones de verano, mientras el cálido rubor del atardecer se dibujaba sobre los cielos del Microcentro porteño en una ingenua tarde de febrero. Descendí hacia el agobiante calor del subterráneo y me situé en el andén con la inscripción "a Los Incas" mientras admiraba al incansable músico con su guitarra electroacústica, armónica sujetada por el cuello y pandereta ejecutada mediante un pedal con el pie derecho. Subí al vagón, repleto de gente debido al horario, y me acomodé en un hueco libre de gente en medio del mismo. Al detenerse el tren en la estación Pasteur y abrirse las puertas del vagón, ingresó una joven maniobrando un cochecito de bebé antecediendo a su novio o esposo. Cuando por fín se ubicaron en el pasillo, entre medio de ambas puertas del vagón, la joven alza a la criatura en brazos y juguetea con ella hasta que esta última sonríe y balbucea algunas palabras en su inocente y tierno lenguaje. Observe por un momento al bebé y supe admirar la casi tangible ternura que éste desprendía a su alrededor. Asimismo, entorné la vista hacia la periferia y me percaté de las miradas de la embelesada concurrencia clavadas en el cándido producto de la vida, la mayoría de ellas de naturaleza femenina, aunque no en su totalidad. Cuando el hechizo se hubo disipado y las sonrisas de los testigos se desdibujaban anunciando la llegada del habitual ensimismamiento, la joven familia descendió a los andenes de la estación Pueyrredón haciendo que todo lo ocurrido posteriormente me resulte difícil de recordar, ya que aquello, verdaderamente, carece de sentido.

jueves, 12 de febrero de 2009

La chica que robó las estrellas


Decidió que en el mundo habia sólo dos clases de personas: los enamorados y los demás.
Deepak Chopra, "Almas Gemelas"




El pasado, el presente y el futuro se funden en la nebulosa que lleva tu nombre. Recuerdo vagamente mis andanzas por este mundo en el cual estoy de paso, o mejor dicho, estamos de paso (quizás sólo yo). Y en ese paso por el mundo te cruzaste en mi camino, aunque quizas yo no me haya cruzado en el tuyo. Miro hacia el cielo y lo unico que encuentro es tu rostro, tan terso y sublime que hasta puedo sentirlo. Las estrellas hán desaparecido y no queda nada mas que tu presencia, so pena de dañar mi corazón. Un cielo sin estrellas, esa es la imagen de mi alma, porque desde que caí bajo tu lacerante hechizo siento que una parte de mí se desvanece día tras día, noche tras noche. Es tu dulce candor el que me mata y revive al mismo tiempo, el que causa daños que aparentan felicidad, caricias que de un momento al otro se desfiguran como rasguños en mi corazón, el que solo siento al percibirte, cuan cicatríz profunda difunde hasta el alma. Tendre que aprender a atenuar tu voz, a buscar otro cielo, a encontrar otra luz aunque sepa que no puedo, que no siento y que sin la tuya solo muero. Hoy mi cielo no es el mismo, ya dejó de ser mi cielo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Preliminar




"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Coperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada."
De esta manera comienza su crónica Holden Caulfield, protagonista de El Guardián entre el Centeno, de J. D. Salinger. Dicho preámbulo anuncia un inminente relato, una historia. Esto es, Holden Caulfield tenía un objetivo al comenzar la crónica. Lo cierto es que al iniciar este blog, no tengo un objetivo concreto, sino el de plasmar ideas y pensamientos, a veces espontáneos, a veces surgidos de reminiscencias que el tiempo no tiene la capacidad de hacerlas desaparecer. "Un filósofo antiguo, decía que al escribir todo lo que nos pasa en la vida nos transformamos en filósofos sin advertirlo" escribió Soren Kierkegaard en su Diario de un Seductor, y son nuestras mismas acciones lo que determina, en cierto grado, quienes somos.

-Digame Walter, ¿quién es usted?
-¿Quién soy? -sonrió-. Soy un inspector de policía que casi se licenció en Derecho y...
-No. -Levantó una mano-. No qué es. Quién es.
A (Walter) Robinson le pareció captar ansiedad en su voz, y de repente se dio cuenta de que le preguntaba más de lo que se había imaginado. Sintió una reticencia momentánea, pero empezó a hablar despacio, en voz baja, casi como si estuviera considerando algo.
-Nado -explicó a la vez que señalaba la bahía con una mano-. Nado solo, cuando nadie me ve, lejos de la costa. En aguas profundas. A kilómetro y medio como mínimo. A veces, incluso a tres.
(de La Sombra, John Katzenbach)