
You ask for walls I'll build them higher
We'll lie in shadows of them all.
I'd stand but they're much too tall
and I fall
February Stars (Foo Fighters).
¿Sentiste alguna vez que naciste en el lugar equivocado, en la época equivocada, que tus metas se van convirtiendo en una utopía, que tus sueños se encuentran a años luz de poder asomar a la realidad, que tus fantasías solo quedan en fantasías, que tus anhelos solo en anhelos y que el tiempo sigue su curso enterrándote en un abismo de mediocridad y estatismo atemporal?
A mí me pasa. Es lo que siento que me está ocurriendo ahora.
Cuan ventanal empañado por la humedad de una lluvia de verano recuerdo a ese muchacho que acababa de terminar la secundaria con 17 años (unos 7 años menos que yo), con mi mismo nombre, algo mas flaco, piercing en la ceja izquierda e inmerso en una nube de ilusiones prometedoras. Aquel sujeto que meses atrás se habia inscripto al Ciclo Básico Común de la carrera de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, quien dudó a la hora de elegir sus estudios pero que estaba seguro de que quería hacerlo en ese lugar y con el correr de los años de daría cuenta con mucha mas seguridad de que esa era la profesión que quería seguir. Ese individuo supo luchar contra las adversidades. En aquel primer año del Ciclo Básico, la reaparición de una desgracia lo obligó a tener que trabajar al tiempo que su preocupación giraba en torno a sus estudios; al principio puso en duda su continuidad universitaria hasta nuevo aviso, pero sin embargo, al final, decidió enfrentar ambas cosas y, arriesgando horas de sueño y su propia salud, pudo aprobar todas las materias de aquel cuatrimestre en un esfuerzo descomunal que implicaba cansancio físico y mental (sobre todo por las cosas que ocurrían fuera de la facultad) y muchísimas noches sin dormir junto a la terquedad (y grave error quizás) de no pedir ayuda para sentir algo de apoyo anímico. Luego conoció la peor cara del mundo cuando la muerte irrumpió en su historia alejando a su hermana de su ser. Prometió recuperarse, y aunque al principió le fue casi imposible, luchó para que así fuese. Entre tropezones y levantadas terminó el Ciclo Básico e ingresó a la carrera de medicina propiamente dicha en un año difícil y lleno de nuevos desafíos. Allí regularizó una materia aprobando los exámenes parciales al límite del aplazo y tuvo que recursar la otra con el afán de aprender de los errores y poner más empeño para el año siguiente. Se dio cuenta de que las piedras en el camino eran interminables y necesitaba encontrar la forma de saber esquivarlas, entonces, tomando las malas experiencias de aquel mal año decidió, con energías renovadas, seguir a pesar de todo. Y no fue para nada en vano, el año que siguió fue bueno y hasta supo sentir la grata experiencia de sacarse un 10 en un examen, cosa que hasta entonces parecía mas lejano que el calor del sol en una helada mañana de junio. Luego llegaría el momento de trasladar parte de ese éxito a la vida fuera de la facultad, y decidio que comenzar a trabajar fuera del ámbito familiar le daría algo de independencia y le haría madurar como persona. El éxito se mantuvo incluso durante los primeros meses de trabajo hasta que la rutina diaria, el agotamiento físico y mental y los disgustos provocados por el incumplimiento de las expectativas lo hicieron caer en un lugar en el que, al levantar la vista, se veía rodeado por las enormes paredes que sus sueños fueron construyendo desde tiempo atrás y que sus pesadillas no le permitían derrumbar.
Ese ultimo soy yo, muy diferente a aquel chico que luchó por concretar sus sueños. Desde hace algún tiempo ya no veo a esa persona del otro lado del espejo, sino que el destino intercambió esa imagen por una que ya no se reconocer, pero con la que sin embargo identifico como mía hoy en día, en tiempos en donde la motivación no es frecuente, donde siento que "doy diez pasos y ella se aleja diez más allá" y que al poder comprarme una buena guitarra, tomar clases, salir de viaje y una larga lista de etcéteras que tiempo atrás parecían irrealizables a falta de trabajo y dinero, no soy felíz. Hace tiempo que no apruebo un exámen. Quizás sea la responsabilidad que implica mi nueva vida, el cansancio que me generan el trabajo y la rutina diaria, la falta de tiempo para estudiar como corresponde o la monotonía en la que me encuentro encerrado lo que me impide progresar, preguntándome por qué no tengo fuerzas para seguir a pesar de todo y aprender de aquel muchacho que alguna vez fui, aquel que supo maniobrar en un "camino largo y sinuoso" y que no le temía a las adversidades emergentes. Quizás toda mi vida gire en torno a mi carrera universitaria y sea el fracaso de triunfar en lo que mas amo lo que me genera esta enorme frustración, o quizás, me deprima no saber por qué todo siempre me cuesta más. Mientras tanto sigo cuestionándome, derramando pesimismo, desgarrando mi autoestima y deseando aprender un poco más de lo que la vida me ofrece, realizando una descarga emocional al escribir cosas sin sentido en un blog sin destinatario, o mas bien, donde yo mismo soy el destinatario, sin importarme que en menos de 5 horas tendré que levantarme para ir a trabajar mientras sigo experimentando una suerte de sublimación tensional. A lo mejor lo hago por mí. A lo mejor.